LUNES DE LA VIGÉSIMA SÉPTIMA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

SAN LUIS BERTRÁN, PATRONO DE COLOMBIA

Octubre 9 de 2017

  • PRIMERA LECTURA (Lectura del Libro del Profeta Jonás 1, 1-16; 2, 1. 11)
    "Se levantó Jonás para huir del Señor"

El Señor le dirigió la palabra a Jonás, hijo de Amitay, y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predica en ella que su maldad ha llegado hasta mí».

Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor, y llegó a Jafa, donde encontró un barco que salía para Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para dirigirse a Tarsis, lejos del Señor. Pero el Señor desencadenó un gran viento sobre el mar y provocó una tormenta tan fuerte que el barco estaba a punto de naufragar. Los marineros tuvieron miedo y se pusieron a invocar cada uno a su dios; luego echaron al mar la carga para aligerar la nave.  Mientras tanto, Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente. 

El capitán se le acercó y le dijo: «Qué haces aquí durmiendo? Levántate e invoca a tu Dios, a ver si él se compadece de nosotros y no perecemos».

Luego se dijeron unos a otros: «Echemos suertes para ver quién tiene la culpa de esta desgracia». 

Echaron suertes y le tocó a Jonás. Entonces le dijeron: «Dinos por qué nos ha sobrevenido esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿De qué pueblo eres?».

Él les respondió: «Soy hebreo y adoro al Señor, Dios del cielo, que hizo el mar y la tierra».

Entonces aquellos hombres tuvieron mucho miedo y le dijeron: «¿Por qué has hecho esto?» (Pues él acababa de decirles que iba huyendo del Señor).

Y como el mar seguía encrespándose, le preguntaron: «¿Qué hemos de hacer contigo para que el mar se calme?» 

El les respondió: «Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se calmará, pues sé que por mi culpa les ha sobrevenido esta tormenta tan fuerte».

Los hombres se pusieron a remar para alcanzar la costa, pero no pudieron, porque el mar seguía encrespándose en torno a ellos.

Entonces invocaron al Señor, diciendo: «Señor, no nos hagas morir por culpa de este hombre, no nos hagas responsables de la muerte de un inocente, ya que es clara tu voluntad». 

Entonces levantaron a Jonás y lo arrojaron al mar; y el mar calmó su furia. Y aquellos hombres temieron mucho al Señor; le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas. Dispuso el Señor que una ballena se tragara a Jonás, el cual estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches. Entonces el Señor le ordenó a la ballena que vomitara a Jonás en tierra firme.

 

  • INTERLECCIONAL (Jonás 2)

R. En el peligro grité al Señor y me atendió.

En el peligro grité al Señor y me atendió. Desde el vientre del abismo te pedí auxilio y me escuchaste.  R.

Me habías arrojado al fondo, en alta mar, me rodeaba la corriente, tus torrentes y tus olas me arrollaban. R.

Entonces pensé: Me has arrojado de tu presencia; ¿quién pudiera ver otra vez tu santo templo?  R.

Cuando se me acababan las fuerzas, invoqué al Señor y llegó hasta ti mi oración, hasta tu santo templo. R.

  • EVANGELIO (San Lucas 10, 25-37)
    "¿Quién es mi prójimo?"

En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: «Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?»

Jesús le dijo: «¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” 

El doctor de la ley contestó: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser; y a tu prójimo como a ti mismo». 

Jesús le dijo: «Has contestado bien; si haces eso vivirás».

El doctor de la ley para justificarse, le preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús le dijo: «Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones los cuales le robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo un levita que pasó por allí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente, sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: “Cuida de él y lo que gastes demás te lo pagaré a mi regreso”. ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?»

El doctor de la ley le respondió: «El que tuvo compasión de él». 

Entonces Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

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