Los cristianos creemos que Dios se encuentra con los seres humanos en la historia. Jesucristo es Dios en la historia. La Biblia es la narración del encuentro de Dios y su acción en la historia de los hombres. El último libro histórico de la Biblia, los Hechos de los Apóstoles, permanece inconcluso, porque la historia del pueblo cristiano, comenzada a contar en ese libro, aún no termina. El Espíritu Santo actúa en todos los tiempos y nosotros también hacemos parte de la historia del pueblo de Dios.

Concebida la Iglesia pueblo guiado por el Espíritu Santo, en un caminar hacía Dios; un pueblo en el cual todos tienen una misión de acuerdo a los distintos carismas, que deben ser ejercidos para el bien del mismo, llamado también “Cuerpo Místico de Cristo”.

LA VIDA RELIGIOSA EN AMÉRICA LATINA (Nuevas formas de Vida religiosa).

La historia de la Vida Religiosa en nuestro Continente Americano ha sido caracterizada por resurgimientos de nuevos Institutos y formas de vida. Nuevas Institutos y Sociedades de Vida apostólica para responder a nuevos retos desde las realidades propias, para testimoniar el Evangelio de Cristo y responder con vivencia profunda el compromiso de construcción del Reino de Dios. Entre ellas está la Congregación de Hermanas Dominicas de Betania nacida a mediados del siglo XX.


NACIMIENTO DE LA CONGREGACIÓN EN COLOMBIA

No incomprensibles e inescrutables, a primera vista, pero amorosos, son los designios de Dios en la vida de cada ser humano.

  • 1953. La Hna. María Teresa Benavidez Díaz, sale definitivamente de la “Obra de Nazareth”, y es invitada por Fr. Alberto Ariza, O.P., para colaborar con los Padres Dominicos en la Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá. Ella acepta con la responsabilidad de seguir siendo la mujer colaboradora, amiga y hermana de los Frailes. Con gozo y prontitud, inició labores el 8 de diciembre del mismo año. Éste, fue el lugar propicio para el encuentro con varías jóvenes que se unieron a ella con un mismo fin: “Trabajamos intensamente en la escuela dominical de la Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, con la Hermandad de Santa Rosa de Lima de la Tercera Orden de Santo Domingo, en mutua colaboración con los Frailes Dominicos, donde fui feliz haciendo el bien a personas tan necesitadas de orientación cristiana y humana… el trabajo con los Frailes me llevó a un mayor conocimiento de la Orden, creciendo así el amor por ella y madurando día a día mi ideal de apostolado en la línea de servicio a los sacerdotes” (Crónica).
  • Junio de 1954. María Teresa Benavides con otras compañeras asume la responsabilidad de atender el Convento Ntra. Sra. del Rosario de los Padres Dominicos en la ciudad de Chiquinquirá, Boyacá. De otra parte, Mons. Jesús Antonio Castro, nombrado primer obispo de la Diócesis de Palmira en 1953, se propuso dar respuesta a una de las principales urgencias de la diócesis, fundar el Seminario, anhelando encontrar un grupo de religiosas que se encargarán de la parte administrativa del economato y dirección del personal de servicio. Comparte esta preocupación con Fr. Alberto Ariza, O.P., prior provincial de los Dominicos en Colombia, con quien tenía una estrecha amistad y lo unían fuertes lazos fraternales en el espíritu de Domingo de Guzmán. Fr. Alberto Ariza, inmediatamente tiende un puente de comunicación entre María Teresa Benavides y Mons. Jesús Antonio Castro. Él la conocía muy bien, valoraba su entrega decidida y el amor incondicional con que realizaba su compromiso con y por los Frailes en los conventos de Bogotá y Chiquinquirá.
  • 14 de septiembre de 1954. María Teresa Benavides y dos compañeras (María Luisa Espitía y María del Carmen Parra) hacen su arribo a la ciudad de Palmira (Valle) aceptando la invitación del señor Obispo de la Diócesis, para prestar sus servicios en la casa Episcopal y en el Seminario Menor “Cristo Sacerdote”. Así fue como Fr. Alberto Ariza, O.P. y Mons. Jesús Antonio Castro se convirtieron en las personas claves que directamente apoyaron y dieron cause al proyecto de fundación de la nueva Congregación.
  • 7 de octubre de 1957, festividad de Nuestra Señora del Rosario,  Mons. Jesús Antonio Castro firma el Decreto 238 de la Curia Diocesana de Palmira, documento por medio del cual le dio vida jurídica canónica al grupo que a partir de ese momento se llamó “Pío Sodalicio de Hermanas Dominicas de Betania”. A le vez que facilitó, en su propia casa episcopal, la organización del Noviciado y la Casa General. En esta misma fecha, María Teresa Benavides Díaz y nueve compañeras inician noviciado canónico. Toma el nombre de “Madre María Teresa de Santa Catalina de Sena” y es nombrada por el señor Obispo, Superiora General y Maestra de Novicias.
  • 15 de agosto de 1959. Madre María Teresa hace Profesión Temporal en la Congregación de Hermanas Dominicas de Betania, junto con nueve compañeras. En los primeros 10 años de fundación, la naciente Congregación se expandió rápidamente fundando pequeñas comunidades locales (42) a lo largo y ancho del país, integradas generalmente por tres hermanas.

PROCESO DE APROBACIÓN JURÍDICA

4 de octubre de 1970.  Conformación del Pio Sodalicio en Congregación de Derecho Diocesano. Primeras Profesiones Perpetuas en la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, Boyacá.

2 de mayo de 1974. Afiliación a la Orden Dominicana. Desde los antecedentes de fundación de la Congregación de Hermanas Dominicas de Betania, Madre María Teresa Benavides Díaz, fundadora, siempre estuvo rodeada de un ambiente dominicano, compartiendo con  frailes, religiosas y laicos su propia experiencia y contemplando la manera de asumir el espíritu de santo Domingo de Guzmán. He aquí la razón por la cual la Comunidad liderada por ella fue inscrita en el libro de la Familia Dominicana. La Congregación fue afiliada a la Orden de Dominicana, hecho   reservado a la autoridad del  Maestro de la Orden, con el voto de su Consejo y sin prejuicio de nuestra autonomía; es la vinculación oficial de la Congregación a la Familia Dominicana, para fortalecer, avivar y conformar su propia vida al espíritu y al ideal apostólico de su fundador, Santo Domingo de Guzmán, según el espíritu de la Constitución Fundamental de la Orden: “unánimes en la vida común, fieles a la profesión de los consejos evangélicos, fervorosas en la celebración común de la liturgia, principalmente de la Eucaristía y del Oficio divino y en la oración, asiduas en el estudio y perseverantes en la observancia regular”.

15 de agosto de 1983. La Congregación recibe Aprobación Pontificia. Según el Derecho Canónico de 1983, es un “Instituto de Vida Consagrada que se le otorga Personería Jurídica Eclesiástica, Pública y, como tal, dentro de los límites que se le señalan cumple, en nombre de la Iglesia, la misión que se le confía mirando al bien público y  se ordena a un fin útil y coherente,  a través de las obras apostólicas que realiza. Es, de Derecho Diocesano, al ser erigido por el Obispo diocesano y, de Derecho Pontificio desde el momento que recibió y proclamó el decreto formal que le concedió la Sede Apostólica; de esa manera obtiene el reconocimiento por la autoridad de la Iglesia. Forma un grupo colegiado que, en igualdad de condiciones,  participa en las decisiones según el mismo Derecho y los propios estatutos aprobados por la   autoridad que concede el decreto y depende directamente de la autoridad que la constituye. Por el voto de obediencia, están “obligadas  a obedecer” al Romano Pontífice. Este es un estado de vida que pertenece a la vida y santidad de la Iglesia. Como consagradas, por la profesión de los Consejos Evangélicos y por la caridad a la que estos las conducen, se unen de modo especial a la Iglesia y su ministerio. Los Consejos evangélicos están fundados en la doctrina y ejemplos de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.  Por la acción del Espíritu Santo, viven y asumen  rasgos específicos de la vida de Cristo y se dedican, de una manera nueva,  a la edificación de la Iglesia y a la extensión del Reino de Dios, consiguen la perfección de la caridad en el  servicio de este Reino y se convierten en signos visibles del Reino que anuncian.

 
¿QUIENES SOMOS?
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La Congregación de Hermanas Dominicas de Betania, fundada el 7 de octubre de 1957 en Palmira, Valle, Colombia; es un Instituto Religioso de Derecho Pontificio inserto en la obra evangelizadora de la Iglesia, afiliado a la Orden Dominicana. Su Carisma está inspirado en el pasaje evangélico de Lc 10, 38-42: contemplación y acción.
DIRECCIÓN
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