COMUNIDAD LOCAL EN EL SEMINARIO CONCILIAR SAN CARLOS BORROMEO
SAN GIL, SANTANDER (COLOMBIA)

 

Los Seminarios son centros de formación para los futuros sacerdotes. Los alumnos después de terminar los estudios secundarios ingresan al Seminario para continuar su especialización de filosofía y teología hasta terminar su carrera eclesiástica y recibir la ordenación sacerdotal.

La presencia de las Hermanas Dominicas de Betania en los Seminarios tiene la gran responsabilidad de apoyar la formación de los futuros sacerdotes mediante la oración, el servicio y el testimonio de seguimiento radical a Cristo expresado en la vivencia de los compromisos religiosos.

En este espíritu, las Hermanas  iniciaron labores en el Seminario San Carlos de la Diócesis de Socorro y San Gil, el 12 de enero de 1971. La Comunidad Local, generalmente conformada por tres religiosas, atiende en función apostólica, las actividades en el economato y el servicio de biblioteca del Seminario, junto con el equipo de sacerdotes formadores, personal administrativo y de apoyo.

 

TESTIMONIO DE ORACIÓN Y SERVICIO

 “El Seminario Conciliar San Carlos de San Gil, agradece y felicita a la Congregación de Hermanas Dominicas de Betania en la celebración de sus 50 Años de vida y servicio en la formación sacerdotal; y, de modo particular nos alegra su presencia evangelizadora entre nosotros desde 1971. Hoy, después de 36 años, damos gracias a Dios por el testimonio de oración, servicio y fraternidad que las hermanas de Betania han manifestado en nuestra comunidad formativa.

Tuve oportunidad de conocer a las hermanas de Betania que conformaban la comunidad local de san Gil en diciembre de 1975, cuando me preparaba para iniciar los estudios de bachillerato, saludando por primera vez a las Hermanas Rosa Elena y Lucila Quiroga, como también a la hermana Edilma Vélez y hermana Susana Manosalva.

Me llamó la atención su testimonio de oración y servicio en bien de las vocaciones sacerdotales. Desde nuestro internado escuchábamos el canto de los salmos y demás oraciones que hacían en su capilla a las 5 de la mañana, para dedicarse luego a los diversos servicios de casa; y, al final de la jornada, a pesar del cansancio del día, algunas de ellas profundizaban en sus estudios.

Otro grato recuerdo de la época era la visita anual de la Madre María, fundadora de la Congregación. Su oración y el amor que manifestaba por las hermanas y por las vocaciones sacerdotales era de admirar. Ella también oraba intensamente por los sacerdotes y por quienes estábamos iniciando el seminario menor; se colocaba su delantal de varios pliegues para ayudar a las hermanas en el servicio del economato y nos recomendaba amar mucho nuestra vocación.

Resalto estos primeros tiempos en que conocí la Congregación en nuestro seminario, porque el testimonio de estas hermanas marcó positivamente nuestro camino sacerdotal; y por otra parte, si la Congregación de Hermanas Dominicas de Betania puede mirar hacia delante, no puede olvidar las bases sólidas y sacrificadas de muchas hermanas que vivieron su carisma en la propia fuente.

Y, hablando de fuentes de su carisma, viene a mi memoria el hogar de Betania, donde Cristo solía descansar y compartir fraternalmente (Lc 10, 38-42; Jn 11,1ss). Betania, casa de Lázaro, Martha y María, ofrecía al Señor un ambiente fraternal, era el hogar de los amigos de Jesús. Allí, cerca al camino que conduce a Jerusalén, Él podía llegar, hospedarse, anunciarles la Palabra de vida eterna que María escuchaba con atención; también allí, Jesús podía compartir tranquilamente la mesa preparada por sus amigos. Oración y servicio a favor de las vocaciones sacerdotales nacen en Betania. Qué maravillosa inspiración le concedió el Señor a la Madre María para servirle, en la formación de los futuros pastores y en el cuidado espiritual de los ministros ordenados.

Valoro y doy gracias a Dios por todas las religiosas de Betania que han venido a colaborar en la formación sacerdotal en este Seminario. Aunque sus nombres no están registrados en este breve escrito, si están grabados en nuestra mente y nuestro corazón sacerdotal. Como discípulas del Señor, sea la oración y la acción a favor de las vocaciones y de la pastoral sacerdotal, aquello que las distinga en su servicio eclesial.

Quiera Dios, que las nuevas generaciones de Dominicas de Betania, puedan profundizar, comprender, amar y presencializar aquello que es propio de la Comunidad, sin pretender grandezas o glorias, que estarían fuera del carisma recibido.

El Señor Jesús siga bendiciendo su vida y su presencia evangelizadora en la Iglesia con muchas y santas vocaciones”.

Pbro. Ramiro Trujillo Sierra

Rector del Seminario San Carlos Borromeo en San Gil, Santander

Año 2007.

 
¿QUIENES SOMOS?
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La Congregación de Hermanas Dominicas de Betania, fundada el 7 de octubre de 1957 en Palmira, Valle, Colombia; es un Instituto Religioso de Derecho Pontificio inserto en la obra evangelizadora de la Iglesia, afiliado a la Orden Dominicana. Su Carisma está inspirado en el pasaje evangélico de Lc 10, 38-42: contemplación y acción.
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